En el pueblo de Saed solo quedan 67 cristianos/Entrevista: Pau Amat
En el pueblo de Saed solo quedan 67 cristianos/Entrevista: Pau Amat


“Historias como esta nos deben animar a seguir orando y apoyando a la iglesia perseguida”.

Para Saed, que ahora tiene cerca de cincuenta años, esta era la situación cuando creció en Aljalama, un pequeño pueblo palestino al norte de Cisjordania, en los años setenta. Los cristianos son una pequeña minoría ahí y no había nadie capaz de ayudarle a descubrir el camino a una relación con Cristo. Nadie humano, claro, porque Dios se reveló de igual forma al joven Saed a pesar de su situación.  “Un grupo de misioneros había estado visitando nuestra región habían distribuido libros para niños sobre Dios”, recuerda Saed, y continúa: “Los libros fueron descubiertos por musulmanes, que intentaron quemarlos y los rompieron en pedazos. Un día, encontré unos trozos del Evangelio en el polvo. Los llevé a casa, los pegué y comencé a leerlos. Así es como conocí el amor de Dios por nosotros, a través de su Hijo Cristo”.   AISLADOS, PERO NO SÓLOS A día de hoy, en octubre de 2018, Saed es padre de dos hijos. Él y su familia todavía viven en Aljalama. En Puertas Abiertas le conococemos porque es una de las familias en la región a quienes ayudamos a sobrellevar su situación de aislamiento y a ser la luz de Cristo en su entorno.  En los Territorios Palestinos, esto es, lo que se conoce como Cisjordania, el número de cristianos está disminuyendo, principalmente debido a la migración. “Cuando era joven, aquí todavía vivían de 80 a 90 cristianos aquí. Hoy, solo quedamos 67”, comparte Saed a personas de Puertas Abiertas que le visitaron recientemente. Sin embargo, hoy los cristianos del pueblo de Saed están menos solos que cuando era joven. Un líder cristiano visita el pueblo de Saed con regularidad y, con el apoyo de Puertas Abiertas, se están organizando actividades para apoyar a los jóvenes como Youssef, el hijo de Saed, que tiene ahora 12 años. 

Vivir como cristianos en esta área totalmente dominada por el islam sigue sin ser fácil, pero en el caso de Saed no se trata ya de una realidad hostil como lo era o como lo es en otros lugares. “Las relaciones con nuestros vecinos son buenas en general. Nos felicitan por nuestras fiestas cristianas y nosotros les visitamos cuando tienen sus fiestas”, dice. Para él, la clave ha sido la supervivencia y presencia de las familias cristianas, aunque sean tan pocos: “No lo digo yo, eso es lo que me dicen también los musulmanes. Ven que, aunque sean sesenta cristianos, están marcando la diferencia: mantienen la tolerancia y la diversidad dentro de la comunidad y evitan que se radicalicen. Realmente somos la luz y la sal”, comparte nuestro hermano. Como esta hay muchos testimonios similares, como el que he mencionado al principio de la escuela en Etiopía. Este, por supuesto, no siempre es el caso y lo normal en muchos lugares es que el “1%” que representan los cristianos acabe sufriendo la persecución cada vez más intensa del “99%” que, en este caso, representan los musulmanes. Pero historias como esta nos deben animar a seguir orando y apoyando a la iglesia perseguida con el principal objetivo de asegurar que la iglesia siga presente en los lugares menos comunes e incluso hostiles al Evangelio. Si el resultado de ello es reconciliación o más persecución, Dios decidirá conforme a su plan perfecto.

 

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